Opinión

Es hora de curarnos de espantos y espantapájaros. En la revolución, el hierro, el aluminio, el oro, la gasolina, el efectivo, la comida, las medicinas, han pasado a ser parte del manejo ilícito.
En revolución un preso político jamás es presunto. La presunción de inocencia es letra muerta que solo sirve como ornato constitucional, y es absolutamente irrelevante cuando alguno de la cúpula podrida ha decidido meter en chirona a quien le dé su realísima gana.
El “diálogo” para lo único que ha servido ha sido para prolongar el sufrimiento de los venezolanos y mantener a Maduro como dictador.
Los criterios de esta filósofa, quien prefería ser llamada teórica, sobre este espinoso asunto, reflejan no solamente un ejercicio del pensamiento sino una experiencia de vida.
Lo más increíble de esa Venezuela bipolar es la casi ausencia de argumentos. Claro, es más fácil insultar que discutir: para lo primero no hay que pensar, para lo segundo hace falta inteligencia.
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