Han pasado más de 3 meses y no hay información nueva sobre el paradero de la embarcación Ana María, desaparecida el jueves 16 de mayo de 2019. La ausencia de una joven de 19 años mantiene la angustia de su familia.

Una semana antes de embarcar en el Ana María, Nadiuska Sifontes, de 19 años, salió de casa a visitar a una de sus amigas más cercanas, Génesis Reinoza.

Ambas tenían un plan: ir a Trinidad y Tobago para buscar oportunidades laborales y así mejorar sus condiciones socioeconómicas, además de aliviar los gastos en su hogar para ayudar a sus padres.

Pero los padres de Nadiuska, Naiglen Bellorín y Andrés Sifontes, desconocían las intenciones de las jóvenes. Ambas cumplieron este agosto tres meses desaparecidas junto a otras 31 personas que embarcaron en el Ana María.

Angustia en familia

Un día antes de su partida hasta el puerto de Güiria, Nadiuska había tomado la decisión. Se comunicó vía telefónica con sus progenitores para contarles sobre sus planes de irse a buscar nuevas oportunidades.

La joven estaba entusiasmada por la idea: su vida en San Félix, estado Bolívar, mejoraría si llevaba ingresos a su familia. Naiglen, Andrés, Nadiuska y su hermana de 9 años actualmente no tienen hogar propio, viven con un familiar y no han podido mudarse debido a su condición socioeconómica.

Los padres de Nadiuska, en entrevista para la Comisión para los Derechos Humanos y la Ciudadanía (Codehciu), narraron cómo sufrieron la desaparición de su hija.

Naiglen Bellorín desconocía la peligrosidad del viaje de su hija, así que intentó calmarse una vez esta le dio la noticia de su partida:

“Ella se fue y me dijo mamá voy a casa de Génesis. No llevaba bolso, sino una bolsa de basura donde llevaba su ropa. Y se fue. Como a los dos días me mandó mensaje: mami, estoy en Güiria”. “¿Cómo que estás en Güiria?”, le respondí. “Ella no me había dicho que se iba a ir”.

Nadiuska no explicó a su familia qué tipo de trabajo esperaba conseguir una vez que ambas jóvenes llegaran a Trinidad y Tobago. Tampoco le quiso dar detalles del traslado desde San Félix hasta Güiria, estado Sucre. Todo era un misterio para Naiglen y su esposo Andrés pero esperaban que le fuera bien a su hija.

“La persona que las buscó para trabajar parece que pedía discreción. Ella no tenía muchas ganas de irse. Ella tenía esa inquietud de querer ayudarnos para tener algo de nosotros, porque vivimos en una casa que no es nuestra. Ella quería estudiar algo, hacer un curso o cualquier cosa para ayudarnos en la casa”.

Necesidades por doquier

La familia de Nadiuska no podía costear su educación universitaria, así que la joven de 19 años desde que terminó el bachillerato buscaba cómo ayudar a sus padres en el hogar. Andrés es comerciante en el mercado municipal de San Félix y Naiglen es ama de casa.

Antes de que desapareciera el Ana María, el 23 de abril de 2019 la embarcación Yhonailys José naufragó en el sector Boca Dragón; de las aproximadamente 30 personas en ella solo han sido rescatadas 9 hasta la fecha.

Los padres de Nadiuska conocían poco de este tipo de casos, pero Naiglen comentó que de haberlo sabido no hubiera dejado partir a su hija de esa forma.

“Yo soy una mamá que está constantemente pendiente de sus hijos. Ella no tenía celular pero como podía la contactaba. Si hubiera sabido de la situación, no la dejaba ir. Nunca supe sobre la embarcación anterior”.

Búsqueda

No fue sino hasta el domingo 26 de mayo de 2019 que Naiglen y Andrés se enteraron de la desaparición del Ana María. Tres días después del hecho.

Pero sin el dinero suficiente no podían viajar hasta Sucre para exigir respuestas a las autoridades del estado; fue por eso que decidieron trasladarse a Güiria 10 días después de la desaparición de las 33 personas.

Salieron a las 7:00 de la mañana de San Félix pagando un vehículo con dinero en efectivo, y llegaron a las 7:00 de la noche a Yoco, un pueblo del municipio Valdez. A la mañana siguiente tomaron el bus hasta Güiria.

La primera autoridad con la que se encontraron en Güiria fue al teniente de la Guardia Costera quien les explicó la única información oficial que tenía: según investigado, no era posible que la embarcación naufragara. También les indicó en un mapa los sitios donde buscaron los funcionarios.

La embarcación zarpó sin hacer reporte. Entre otras irregularidades, los padres de Nadiuska escucharon cómo las personas en Güiria empezaban a normalizar este tipo de sucesos. Rumores de trata y tráfico de personas angustiaban a los padres de la joven de 19 años.

Cinco días después estuvieron obligados a regresarse. Se quedaban sin dinero y sin paciencia.

Andrés Sifontes se lamenta luego de la búsqueda sin frutos: “Estuvimos 5 días ahí y no nos dieron respuestas de nada. Ha sido fuerte. De hecho tengo ganas de llorar, solo que uno el hombre es un poquito más fuerte. Me pega bastante”.

− ¿Qué es lo que más extraña de su hija?

− Verla de nuevo.

Por su parte, Naiglen recuerda los momentos más cálidos con su hija. Lo hace para darse fuerzas y tener esperanza de que tendrá respuestas pronto:

−: Cuando estoy cocinando y ella se me pegaba atrás. Le decía “deja el fastidio que estoy cocinando”, y me bailaba. Ella se ponía a bailar con los auriculares. “Baila, mamá, aunque sea un poquito”, me decía.

Denuncia

Según datos de la organización Refugees International citados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), “Trinidad y Tobago, con una población de casi 1,4 millones de personas, alberga a más de 40.000 venezolanos y venezolanas”.

Nadiuska Sifontes es descrita por sus seres queridos como una joven que siempre se preocupa por su familia, a pesar de las condiciones en las que viven. Ayudaba a su papá en el trabajo en el mercado de San Félix. Jugaba con su hermanita y la cuidaba.

Naiglen y Andrés exigen respuestas al Estado, y a sus organismos competentes, para que dé con el paradero de su hija y otras 32 personas desaparecidas.

Nadie de la familia está siendo informado de los avances de la investigación.

Codehciu exhorta a los organismos del Estado a que mantengan informados a los familiares de cada uno de los 33 desaparecidos de la embarcación Ana María, y a las otras víctimas indirectas del Yhonailys José, y permitan su participación en las acciones de búsqueda.

De acuerdo a los estándares Internacionales, establecidos en los Principios rectores para la búsqueda de personas desaparecidas, Codehciu exhorta al Estado venezolano a:

Respetar la dignidad de las víctimas. Este debe ser un principio rector en cada una de las fases del proceso de búsqueda de la persona desaparecida.

En los casos de mujeres -adultas y adolescentes- desaparecidas o que participan en la búsqueda, todas las etapas de la búsqueda deben realizarse con perspectiva de género y con el personal adecuadamente capacitado, que incluya personal femenino.

Las víctimas, sus representantes legales, sus abogados o las personas autorizadas por ellas y ellos, así como toda persona, asociación u organización con un interés legítimo tienen el derecho de participar en la búsqueda.

La búsqueda de una persona desaparecida debe continuar hasta que se determine con certeza la suerte y/o el paradero de la persona desaparecida. (Prensa Codehciu)

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