Al menos siete casas de la comunidad Clorindo Manuel Paredes, en El Roble, están en riesgo de derrumbe.

El 21 de agosto de 2018 un fuerte sismo que afectó a casi todo el país dejó varias viviendas afectadas en Ciudad Guayana. Para entonces, el alcalde Tito Oviedo aseguró que, de acuerdo con las evaluaciones de Protección Civil, ninguna debía ser desalojada. Los habitantes de la comunidad Clorindo Manuel Paredes, en El Roble, San Félix, dicen lo contrario.

Al menos siete casas continúan con las afectaciones, a la espera de una ayuda gubernamental. Aseguran que Protección Civil dijo que debían desalojar por los daños en las viviendas. Sin embargo, al no tener a dónde acudir, viven con el riesgo de que la edificación termine por derrumbarse. Las lluvias y las inundaciones aumentan el temor.

“El temor que tenemos es que ocurra otro sismo y estemos dormidos, y se nos venga la casa encima. Las lluvias también nos tienen nerviosos porque aquí se mete el agua como si pasara el río Orinoco por aquí. Vemos cada día que las casas se están hundiendo más”, manifestó Lismar Gutiérrez, hija de una de las perjudicadas.

Las afectaciones están a simple vista, los pisos levantados y con grietas, al igual que las paredes. “Antes del sismo, el piso era plano”, agrega Gutiérrez, quien asegura que el alcalde Tito Oviedo y el gobernador Justo Noguera Pietri están al tanto de la situación, pero simplemente han hecho caso omiso.

“Mi mamá y las vecinas han ido a Inviobras y piden papeles y papeles, y cuando los llevan les dicen que cambiaron la directiva o Justo Noguera dice que no sabía, pero bastante que vinieron los de Somos Venezuela a prometer nada más, que si mañana vendría un ingeniero y nada”, denunció.

Santa Mieres vive con su hijo y su nieto, un niño discapacitado. Los desniveles en el piso le ha provocado varias caídas, la última afectó su pierna a tal punto que la doctora le advirtió que una caída más podría discapacitarla.

“Tengo años aquí y aquí formé a mi familia, el día del sismo quedé prácticamente en la calle, porque he dormido en la calle. Mis corotos los he perdido todos, y no tengo recursos”, lamentó.

“Hay veces que cuando medio suena algo, creo que son las paredes que se van a caer y tengo que salir corriendo. Yo no puedo vivir así”, agregó.

Las afectadas señalaron que las fuertes lluvias son parte del temor diario. El agua también se meten en las casas, incluso afirman que la estructura se hunde poco a poco. “Eso es agua como si pasara el río Orinoco por acá. Por favor, señores, queremos que se aboquen, estas casas se están hundiendo”, exigió.